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Camilo decidió escribirle un álbum a sus hijas pequeñas, y en el camino terminó entendiendo mejor al mundo y a sí mismo. Quizás por eso Para Cuando Sean Mayores combina títulos tan simples como “El Titiritero” o “La Campana” con temas tan profundos como el sacrificio, la pérdida de la inocencia y el dolor de crecer.
“La primera intención era empezar a escribir estas canciones que abrazaran sensibilidades que para mí son muy importantes y que pensaba que eran importantes para entregarle a mis hijas. Luego descubrí que eran no solamente para mis hijas, sino las sensibilidades más vitales que atesoro y que son valiosas para mí, y que también son los pilares de lo que yo considero importante compartir como artista a la gente que oye mi música”, dice el astro del pop latino, que con tan solo 13 años ganó en 2007 la competencia de talento Factor Xs en Colombia.
“Es la primera vez que logro fotografiar en mis canciones sensibilidades y temas y mensajes que antes solamente había sido capaz de expresar a través de medios como entrevistas, conversación, textos escritos, opiniones, pero nunca mis canciones”, agrega.
Lanzado el miércoles (9 de septiembre) bajo El Taller Creativo y distribuido por Sony Music Latin, el LP presenta 13 títulos que bien podrían ser de cuentos de hadas. Abre precisamente con “Los Cuentos”, un relato hablado introductorio, y sigue con “El Árbol”, “La Nieve” y “El Cisne”, entre otras canciones.
También incluye una colaboración con su esposa Evaluna Montaner, “La Medalla”, además de una canción de amor dedicada a ella, “For Eva”, con una dulce letra bilingüe: “This is for you/ Por más que llueva/ If I’m with you/ Es primavera/ Por siempre aquí/ We stay togetha… This is For Eva”. El título es un juego de palabras en inglés que puede leerse tal cual (“Para Eva”) o como “Forever” (“Para siempre”).
Musicalmente, combina su pop característico con suaves baladas, bolero y ritmos brasileños.
“Siento que con todo este álbum logré visitar nuevos lugares”, señala el músico. “A mí me pasa siempre que yo cada que termino un álbum me entra como una crisis de ‘mar-ca, ya se acabaron mis ideas, no tengo nada más que explorar porque lo entregué todo. Y cuando empecé a escribir este álbum, ¡pum!, se abrieron infinidades de nuevas puertas. Y yo decía: ‘¡La creatividad es infinita, parce, qué divertido!’”.
La portada del álbum muestra a sus hijas Índigo y Amaranto de espalda sentadas frente un pequeño teatro de títeres, donde también se grabaron los 13 videos del disco. La filmación se llevó a cabo en Barcelona con la ayuda de profesionales del teatro de títeres, marionetas, teatro de dedos, teatro de sombras y más. “El concepto visual es muy lindo”, dice el cantante con una sonrisa. “Mis hijas en primera fila estuvieron sentadas disfrutando una semana entera”.
A continuación, Camilo desglosa cinco canciones esenciales de Para Cuando Sean Mayores. Para escuchar el álbum completo, haz clic aquí.
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“El Titiritero”
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Es una canción que habla de cómo uno a veces sacrifica la felicidad elemental por andar soñando con la sofisticación y con lo grande y con lo inmenso. Es la historia de todos los artistas, y es la historia de mi vida en general: Yo sacrifiqué la felicidad elemental de vivir en mi casa tocando la guitarra y haciendo lo que se me diera la gana por el sueño de perseguir cosas inmensas. No todo el mundo despierta de ese sueño, pero algunos despertamos y nos damos cuenta de que cuando estás viviendo todas esas cosas que soñaste que querías alcanzar, cuando las alcanzas siempre hay una sensación interna de: “No es lo que me habían prometido, no es lo que yo me había imaginado”.
Te ganaste el premio que estabas soñando y no se siente como tú pensaste. Pensaste que cuando te lo entregaran tú ibas a sentir, “OK, llegué”. Pero apenas lo recibes ya tienes los ojos puestos en lo siguiente. Apenas llenas el teatro que quieres llenar, tienes los ojos puestos en que tienes que llenar ahora una arena. Y de repente, cuando estás viviendo todo eso, te das cuenta de que la felicidad es algo mucho más elemental y que ya eras feliz antes y no lo sabías. Entonces es una canción que habla del retorno a la elementalidad de la felicidad. Yo cambio cualquier premio, yo cambio cualquier sold out por un día en que yo pueda estar con mis hijas metidas ahí en el sofá saltando; con mi papá; mi mamá haciendo un ajiaco; mi esposa aquí al lado mío leyendo un librito. Esa es la felicidad.
Musicalmente, tiene elementos de bossa nova y pagode, pero es como una exploración muy interesante porque tiene también sintetizadores análogos. La produje con Rafa Arcaute y con Juan Pablo Vega en Colombia, y Rafa viajó a Brasil a grabar con todo un combo de músicos especialistas en este sonido. Fue una aventura muy bonita. (También aparecen acreditados como coautores Dani Rondón y Eudis Ruiz).
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“El Árbol”
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“El árbol” habla de un problema que estamos teniendo todos ahora, que es cómo se nos va el presente porque tenemos los ojos puestos en lo siguiente. Eso de la mano de todo lo que está pasando en redes sociales, donde siempre queremos el siguiente estímulo, donde siempre estamos soñando con lo que va a venir y nunca te enteras cuándo es la última vez que estás viviendo algo. Yo, por ejemplo, el otro día me di cuenta de que Índigo, mi hija de 4 años, ya no se duerme en mis brazos. Ella dice “vamos a dormir”, se acuesta en la camita y se duerme. Y yo no me di cuenta cuándo fue el último día que ella se durmió en mis brazos. Me la perdí. No la viví, porque no me di cuenta de que la estaba viviendo. Y eso nos pasa en la vida todo el tiempo. ¿Cuándo es la última vez que uno lleva a sus hijos al parque? ¿Cuándo va a ser?
De repente soltamos un pedacito de esa canción en redes sociales hace un par de días y alguien puso: “Si hubiera sabido que era la última vez que iba a pasar Navidad con mi papá, me hubiera inventado una Navidad en febrero para volverla a vivir”. Y se me paran los pelos mientras lo hablo, es muy fuerte. Se nos va la vida y no nos enteramos cuándo son esas últimas veces.
La canción es más pop. La grabamos con Rafa Arcaute y Nico Cotton en Argentina. Es la primera vez que logro meter un bajo y una batería, lo que llaman straight up, como yo quería. Esta canción es un capricho de ese tipo también. (Los créditos también incluyen como coautores a Nate Campany y Sara Schell).
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“Chiquita”
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“Chiquita” es la canción que le escribí a mi hija [de 2 años] Amaranto. Mi hija Índigo tiene una canción que se llama “Índigo”, y Amaranto no tenía canción porque yo todavía no sentía que era el momento de escribírsela. Pero si fuera posible convertir en canción la identidad de mi hija Amaranto, o sea — yo nunca he hecho tan bien el trabajo autoral de lograr fotografiar en una canción la identidad de algo; ni siquiera de una persona, de algo.
“Chiquita” es mi hija. Es exactamente una representación de ella: es curiosa, es independiente, me quiere cerca pero lo suficiente para ella poder, en el momento en que necesite su espacio, soltarme y vivir su momento. Es saltarina, tiene momentos que no conectan unos con otros. Ella no tiene transiciones lentas y paulatinas entre las cosas; ella salta de una cosa a un silencio, del silencio a la efusividad, de la lágrima a la alegría total. Y [la canción] tiene ese movimiento. Ella es ese tipo de ritmo que hay en el coro.
Comienza con su voz [diciendo “a bailar, a bailar”] y después en la entrada del coro hay otro ritmo. Tiene un ritmo como muy africano, tiene varios sonidos que grabé jugando con ella, haciéndole soniditos con la boca. Tiene un montón de samples de la voz de ella. Ella sabe que es su canción y es su canción favorita, no solo del álbum sino de la vida. (Coescrita por Camilo y Juan David Muñoz Aviles)
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“La Medalla” con Evaluna
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Es una canción que logra fotografiar muy bien la la gran diferencia que hay entre mi esposa y yo. Mi esposa y yo somos muy afines y tenemos un sistema increíblemente funcional, pero somos diametralmente opuestos. Yo vivo siempre con un afán idiota de probar que yo existo, de demostrar que yo soy real a través de mis logros y mis persecuciones y mis hábitos, mis estructuras. Es como que el mensaje que mi corazón siente es que yo necesito demostrar que yo merezco eso que voy a recibir de Dios y del universo, necesito pagar por eso. Y mi esposa todo lo contrario. En el centro del corazón de mi esposa, ella sabe que es suficiente, que ya no necesita probar nada, que ese amor es un regalo que hay que solamente recibir. Y ella vive en una tensión tranquila, de un valor intrínseco de su existencia que es muy interesante y que yo no tengo, pero del que yo vivo en constante aprendizaje.
Entonces esta canción habla del amor que yo recibo de parte de Evaluna, que es un amor gratuito, que es un amor basado en un sentido de un valor como esencial. Ella me ama porque me ama, no porque yo logré o porque demostré o porque alcancé. Nada de lo que yo alcanzo en mi vida a ella la sorprende. Y cuando yo llego a casa después de lo que yo considero que puede llegar a ser una derrota, por ejemplo, ella me está esperando y el abrazo de ella diciéndome que todo está bien es para mí el espacio al que yo quiero retornar para recordar cuál es mi verdadero valor.
Y lo veo en mis papás. Mis papás tuvieron otro tipo de luchas que yo hoy no tengo. Yo hoy, gracias a Dios, tengo una vida muchísimo más abundante que la que tuvieron mis papás en términos económicos. Pero yo crecí viendo a mis papás en ese sistema, organizándose de llegar a la casa un día y decir, “Bueno, no tenemos con qué pagar el arriendo, nos van a cortar el agua, nos van a quitar la luz, ya no hay que pagar el colegio a los niños, los sacaron hoy de clase y les dijeron que si no van…” Yo veía eso desde que estaba chiquito y cómo el abrazo de ellos cada día era como: “No existe un mal día cuando el día se termina junto a ti”. Esa es la medalla, y es una sensación medio fotográfica del amor de Dios, que es también así.
“La Medalla” la escribí con un amigo que se llama Juan Muñoz y con Daniel Rondón, que es otro compositor con quien tuve la oportunidad de escribir en este álbum. (También en los créditos: Nabalez y Rafa Arcaute).
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“El Traje”
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Es una canción que escribí con Edgar Barrera. Habla de cómo uno un día se mira al espejo y — O sea, yo creo que si yo apareciera hoy en el Parque La Bonga de Pasatiempo en Montería donde yo vivía en 1999 o en el 2000, y viera a Camilo [niño], no me reconocería él. Y eso a mí me golpeó muchísimo, darme cuenta de que cuando uno crece hace un muy mal negocio de transformar la felicidad por una fantasía y una idea de crecer. Como cuando dicen, “No crezcas, es una trampa”.
Yo empecé a dedicarme a la música en el 2007. Ahí fue que yo empecé a salir en televisión, que saqué las primeras canciones, que yo empecé a vivir y a pagar la renta de mi casa. A los 13 años. Entonces claro, a mí todavía me quedaba un pedazo de infancia. Era un niño, pero yo hice un negocio interno donde yo truequé mi infancia por saltar. Y de eso habla “El Traje”: “Me vi al espejo y no me dije nada/ Porque no hablo con desconocidos/ Pero hay algo en tu mirada que a mí me recuerda/ A un niño que iba por mi barrio con su bicicleta”.
Es una canción muy elemental; es una canción de teclas y voces. No queríamos que nada interrumpiera lo que está diciendo la letra y la melodía. Cuando escribo algo con Edgar Barrera, siempre tengo la sensación de que quiero que eso que escribimos esté al frente y en primer plano y nada lo distraiga. Sí que es triste la canción, pero da ganas como de volver a abrazar a esa anterior versión de nosotros mismos.
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