Neurologo

SANTIAGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- El neurólogo José García, del Centro de Psicología Especializada Emocionarte, llamó a padres y madres a prestar atención a las señales tempranas que pueden indicar alteraciones en el neurodesarrollo de los niños.

Durante una entrevista en Diario de Salud y Club de la Salud TV, el especialista explicó que cada niño tiene su propio ritmo de desarrollo, pero advirtió que existen señales que no deben ignorarse cuando el menor no alcanza determinados hitos esperados para su edad.

García definió los trastornos del neurodesarrollo como alteraciones en el proceso de formación, maduración y funcionamiento del sistema nervioso, que pueden reflejarse en la conducta, las emociones, el lenguaje, la interacción social o las habilidades motoras.

Entre los trastornos más frecuentes mencionó el Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad (TDAH), el Trastorno del Espectro Autista (TEA), los trastornos del lenguaje, los trastornos de la comunicación y la discapacidad intelectual.

Los CDC describen el TDAH como uno de los trastornos del neurodesarrollo más comunes en la infancia y señalan que puede manifestarse con síntomas de inatención, impulsividad e hiperactividad.

El especialista sostuvo que estos trastornos “siempre han existido”, pero hoy se diagnostican más por el avance del conocimiento médico, la mayor observación clínica, la educación de las familias y los cambios sociales que han transformado la forma en que los niños interactúan con su entorno.

Señales que deben llamar la atención

García explicó que una de las primeras alertas suele venir de la propia observación de los padres. A su juicio, cuando una madre o un padre siente que “algo no anda bien” con el desarrollo de su hijo, lo correcto es acudir al pediatra o a un especialista para una evaluación.

Entre las señales generales mencionó que el niño no siga con la mirada, no sostenga la cabeza a los cuatro meses, no se siente, no se pare, no camine, no balbucee o muestre debilidad marcada en una parte del cuerpo.

Los CDC recomiendan vigilar el desarrollo infantil observando cómo el niño juega, aprende, habla, actúa y se mueve. También indican que, si el niño no alcanza los hitos esperados o los cuidadores tienen preocupaciones, deben hablar con el médico.

La Academia Americana de Pediatría, citada por los CDC, recomienda evaluaciones estandarizadas del desarrollo a los 9, 18 y 30 meses, y cribado específico para autismo a los 18 y 24 meses, o antes si existe preocupación de los padres o del personal médico.

García insistió en que esperar sin buscar orientación puede retrasar intervenciones importantes. “Si usted como madre o padre vio una señal, quien debe desarrollar la siguiente parte es el profesional”, explicó.

Autismo: señales y mitos

Al referirse al Trastorno del Espectro Autista, el neurólogo explicó que no existe una única causa conocida y que su origen puede estar relacionado con múltiples factores genéticos, biológicos y ambientales.

Los CDC definen el autismo como una discapacidad del desarrollo que puede causar diferencias en la comunicación social, la interacción y los comportamientos o intereses repetitivos. También señalan que una demora en esas áreas puede ser señal de autismo u otro trastorno del desarrollo.

García destacó como señales importantes caminar en puntillas, pérdida de habilidades previamente adquiridas, dejar de hablar, no responder al nombre, jugar solo, mirar de lado, fijarse en objetos que giran, ordenar objetos en fila, molestarse con ruidos o ciertas texturas y mostrar selectividad marcada con los alimentos.

Los CDC incluyen entre los criterios clínicos del TEA dificultades en la comunicación e interacción social, intereses restringidos, conductas repetitivas y patrones como alinear juguetes, repetir frases o presentar respuestas sensoriales inusuales.

El especialista aclaró que el espectro autista no se manifiesta igual en todos los niños. Algunos necesitan mucho apoyo, otros requieren menos ayuda y otros pueden pasar desapercibidos porque sus señales son más sutiles.

También recordó que no todos los niños dentro del espectro tienen discapacidad intelectual. Algunos tienen buena capacidad de razonamiento, pero presentan dificultades específicas en lenguaje, interacción social, regulación emocional o conducta.

Vacunas y tratamientos sin evidencia

García fue categórico al rechazar la idea de que las vacunas causen autismo. “Es un mito. No hay una evidencia científica contundente que nos hable de que las vacunas provocan TEA”, afirmó durante la entrevista.

La Organización Mundial de la Salud reafirmó en 2025, mediante su Comité Consultivo Mundial sobre Seguridad de las Vacunas, que la evidencia disponible no muestra un vínculo causal entre vacunas y trastornos del espectro autista.

National Academies también concluyó, tras revisar estudios clínicos y epidemiológicos, que la evidencia favorece rechazar una relación causal entre la vacuna triple viral y el autismo, así como entre vacunas con timerosal y autismo.

Sobre los tratamientos ofrecidos sin respaldo científico, el neurólogo pidió prudencia a las familias y llamó a no actuar desde la desesperación. Dijo que los suplementos pueden ser útiles cuando existe una deficiencia demostrada por evaluación médica, pero no deben administrarse como una “piñata” sin estudios, dosis, seguimiento ni justificación clínica.

“Lo que no tiene evidencia no lo debemos utilizar”, sostuvo García, al advertir que todo tratamiento debe estar basado en evaluación profesional, estudios adecuados, indicación precisa y seguimiento.

Diagnóstico y acompañamiento

El especialista explicó que el diagnóstico del autismo y otros trastornos del neurodesarrollo no debe hacerse de manera apresurada. Requiere observación clínica, historia del desarrollo, pruebas estandarizadas y participación de un equipo multidisciplinario.

Según los CDC, una evaluación formal del desarrollo puede ser realizada por especialistas como pediatras del desarrollo, psicólogos infantiles, terapeutas del habla u ocupacionales, y puede ayudar a determinar si el niño necesita servicios de intervención temprana.

García señaló que en este proceso pueden intervenir pediatras, neurólogos, neuropsicólogos, psiquiatras, nutricionistas, logopedas, otorrinolaringólogos, oftalmólogos y otros especialistas, dependiendo de las necesidades de cada niño.

Al hablar de autismo, consideró más apropiado referirse a acompañamiento multidisciplinario que a una cura. Indicó que algunos niños pueden necesitar medicamentos para regular síntomas como ansiedad o conductas severas, pero siempre dentro de un plan integral.

Los CDC señalan que los tratamientos para el autismo buscan reducir síntomas que interfieren con la vida diaria y mejorar la calidad de vida, e incluyen enfoques conductuales, del desarrollo, educativos, terapias del habla y lenguaje, y otros apoyos según cada caso.

El papel de la familia

García afirmó que los padres, madres y familiares son los primeros acompañantes del desarrollo infantil. Recomendó observar, registrar cambios, hacer preguntas al profesional de salud, fomentar alimentación saludable, actividad física, buen sueño y evitar el exceso de pantallas.

También pidió a las familias no desesperarse ante un diagnóstico. “Hay que ocuparse más, no desesperarse”, expresó, al recordar que el cerebro infantil tiene plasticidad y que la intervención adecuada puede favorecer avances importantes.

El mensaje central del especialista fue claro: ante cualquier señal persistente en el desarrollo, lo correcto es buscar ayuda profesional temprana, evitar tratamientos sin evidencia y construir un plan de apoyo individualizado para cada niño.

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