POR FRANCISCO ML. ORTEGA
Hay triunfos que llenan estadios y otros que abren caminos para toda una comunidad. Pedro Martínez conoce ambos. Su trayectoria lo convirtió en orgullo dominicano; su compromiso con Manoguayabo enseña qué hacer con el éxito alcanzado.
Tres premios Cy Young, 219 victorias, un campeonato de Serie Mundial con Boston y su entrada al Salón de la Fama en 2015 acreditan una carrera extraordinaria. Detrás de esos reconocimientos hubo talento, disciplina y determinación.
La inauguración del Complejo Educativo y Deportivo Pedro Martínez, el pasado 1 de octubre en Manoguayabo, añade una dimensión humana a esa trayectoria. Su legado adquiere ahora una nueva expresión en las oportunidades que esta obra ofrecerá a otras generaciones.
El proyecto fue construido por el Ministerio de Educación junto con la Fundación Pedro Martínez, con el respaldo del Gobierno encabezado por Luis Abinader. Ese esfuerzo compartido merece reconocimiento por responder a una necesidad de la comunidad.
La iniciativa impulsada por Pedro y su esposa Carolina integra una escuela básica, el Politécnico José “Cheche” Abreu Vargas, talleres técnicos e instalaciones deportivas. Está concebida para beneficiar gratuitamente a más de 1,700 estudiantes.
En esas instalaciones, un joven podrá aprender un oficio y una niña descubrir sus capacidades. Muchas familias encontrarán mejores posibilidades para sus hijos. El verdadero valor de la obra se verá en esas vidas y en los caminos que puedan construir.

Ejemplo
Pedro ofrece un ejemplo concreto de gratitud hacia sus raíces. Alcanzó reconocimiento mundial y mantuvo el compromiso con el lugar de donde salió. Regresó con una propuesta y reunió voluntades para convertirla en realidad.
Ahí marca la diferencia frente a quienes alcanzan fortuna, pero dejan de mirar hacia sus orígenes. El dinero cambia una condición económica; el compromiso con los demás construye un legado. Progresar también puede significar ayudar a otros a avanzar.
Quienes reducen el éxito a exhibir riqueza pueden pasar sin pena ni gloria por la vida de su comunidad y ser recordados apenas como nuevos ricos. Tener mucho no garantiza dejar una huella valiosa en quienes compartieron nuestros comienzos.
Esta obra invita a deportistas, empresarios, artistas y otras figuras de éxito a preguntarse qué pueden aportar a sus comunidades. Cada quien puede hacerlo desde sus posibilidades, respaldando la educación, acompañando a jóvenes o atendiendo una necesidad concreta.
La inauguración también deja una responsabilidad compartida. Las autoridades, la fundación y la comunidad deberán cuidar las instalaciones y sostener la calidad de la enseñanza. El legado crecerá con cada estudiante que encuentre allí apoyo para avanzar.
Durante años, Pedro hizo que los dominicanos celebráramos sus victorias. Ahora nos invita a celebrar las posibilidades de otros. Su nombre tiene un lugar en Cooperstown; esta obra puede darle un lugar duradero en el porvenir de miles de familias.
La grandeza de un hombre también se mide por los caminos que deja abiertos cuando termina el aplauso.
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