Sala de tratamiento con protones en Japon 678x381

TOKIO, JAPON / DIARIO DE SALUD.- La combinación de protonterapia y quimioterapia está mostrando resultados favorables en determinados tipos de cáncer, particularmente en tumores localizados en regiones donde reducir la radiación recibida por órganos sanos puede representar una ventaja para el paciente.

Sin embargo, la evidencia científica disponible no permite afirmar que esta estrategia sea superior de manera general a la radioterapia convencional ni que represente por sí misma un nuevo tratamiento contra todos los tipos de cáncer.

Uno de los estudios japoneses más recientes evaluó los resultados a largo plazo de la quimioterapia concurrente con protonterapia en pacientes con cáncer de pulmón de células no pequeñas en estadio III no resecable.

La investigación utilizó información del registro prospectivo del Comité de Terapia con Partículas de la Asociación Japonesa de Oncología Radioterápica.

Estudio japonés evaluó a 156 pacientes

Los investigadores analizaron pacientes tratados entre mayo de 2016 y junio de 2020. De 170 personas registradas inicialmente, 156 cumplieron los criterios establecidos para el análisis.

Todos tenían cáncer de pulmón de células no pequeñas en estadio III, confirmado histológicamente y considerado no susceptible de resección quirúrgica.

Los pacientes recibieron quimioterapia concurrente con protonterapia, con dosis de radiación comprendidas entre 60 y 74 Gy de efectividad biológica relativa, administradas en 30 a 37 fracciones.

Un aspecto particularmente relevante fue que 31 pacientes, equivalentes al 20 % de la población estudiada, no eran candidatos a una quimiorradioterapia torácica definitiva con rayos X debido a que se superarían los límites de dosis considerados aceptables para los tejidos normales.

A pesar de esa circunstancia, pudieron recibir tratamiento definitivo mediante protones.

Supervivencia evaluada hasta cinco años

Con una mediana de seguimiento de 49 meses, la supervivencia global fue de 72.9 % a los dos años y de 43.7 % a los cinco años.

La supervivencia libre de progresión fue de 35.4 % a los dos años y de 21.3 % a los cinco años.

Entre los 31 pacientes que no podían recibir radioterapia torácica definitiva con rayos X por las restricciones de dosis sobre órganos normales, la supervivencia global fue de 58.1 % a los dos años y de 27.5 % a los cinco.

Los investigadores también analizaron la toxicidad pulmonar. La neumonitis por radiación de grado 2 se presentó en el 19.9 % de los pacientes y la de grado 3 en el 3.2 %.

El estudio no registró toxicidades tardías de grado 4 o superior.

Los autores consideraron que la quimioterapia concurrente con protonterapia mostró resultados de seguridad y eficacia favorables en esta población, incluida la posibilidad de administrar tratamiento definitivo a determinados pacientes que no cumplían los límites establecidos para radioterapia con fotones.

Estos resultados, sin embargo, no proceden de un ensayo aleatorizado que haya comparado directamente protones frente a fotones, por lo que no permiten concluir que la protonterapia sea superior para todos los pacientes con cáncer de pulmón en estadio III.

¿Qué diferencia a los protones?

La radioterapia convencional utiliza habitualmente fotones o rayos X para depositar energía en el tumor. Durante ese recorrido, una parte de la radiación también alcanza tejidos ubicados antes y después del objetivo terapéutico.

Los protones presentan propiedades físicas diferentes que permiten concentrar una mayor proporción de la dosis en el área seleccionada y reducir la radiación depositada más allá del tumor.

Esa característica puede resultar especialmente importante cuando el cáncer se encuentra próximo a estructuras sensibles como corazón, pulmones, cerebro o médula espinal.

La ventaja física de los protones, sin embargo, no significa automáticamente que todos los pacientes tendrán mayor supervivencia, menos recaídas o mejores resultados clínicos.

Precisamente esa diferencia entre una ventaja dosimétrica y un beneficio clínico comprobado constituye uno de los principales puntos que continúa investigando la oncología radioterápica.

Experiencia japonesa en cáncer de esófago

Japón también acumula experiencia en el uso de protonterapia combinada con quimioterapia para cáncer de esófago.

Un estudio de la Universidad de Tsukuba publicado en 2015 evaluó a 40 pacientes consecutivos con cáncer de esófago en estadios I a III tratados entre 2008 y 2012.

Los pacientes recibieron protonterapia simultáneamente con cisplatino y 5-fluorouracilo.

Después de una mediana de seguimiento de 24 meses, los investigadores informaron una supervivencia específica por la enfermedad de 77 % a los dos años y un control locorregional de 66 %.

No se observaron toxicidades cardiopulmonares de grado 3 o superior.

Los propios investigadores advirtieron, no obstante, que se trataba de una muestra pequeña y con un período de seguimiento limitado. Su conclusión fue que la combinación parecía factible para cáncer de esófago, no que hubiese demostrado superioridad definitiva frente a otras modalidades.

Otros trabajos japoneses han continuado estudiando esta estrategia.

En una investigación de 44 pacientes con carcinoma escamoso de esófago en estadio clínico T1 tratados con protones y quimioterapia concurrente, 43 pacientes, equivalentes al 98 %, alcanzaron una respuesta completa primaria. La supervivencia global a tres años fue de 95.2 %.

Ese resultado corresponde específicamente a pacientes seleccionados con enfermedad T1 y no puede extrapolarse a todos los estadios ni a todos los cánceres de esófago.

La evidencia general todavía presenta limitaciones

Una revisión sistemática y metaanálisis de revisiones publicada en 2026 examinó 17 metaanálisis que comprendían 11 tipos de cáncer y comparaban protonterapia con radioterapia mediante fotones.

El análisis encontró asociaciones favorables para la protonterapia en determinados resultados de algunos tumores y una reducción de toxicidades en varios escenarios clínicos.

No obstante, al evaluar 65 resultados procedentes de estudios con dos grupos de comparación, únicamente dos contaban con evidencia considerada de certeza moderada. Los otros 63 estaban sustentados por evidencia de certeza baja o muy baja.

Los investigadores concluyeron que, aunque existen resultados favorables en determinados cánceres, son necesarios más estudios comparativos de gran escala y ensayos clínicos para confirmar esas ventajas.

Una tecnología prometedora, pero no universal

Los resultados disponibles respaldan a la protonterapia como una herramienta de radioterapia particularmente útil en pacientes seleccionados, especialmente cuando existe la necesidad de limitar la exposición de órganos sanos cercanos al tumor.

Su combinación con quimioterapia también cuenta con experiencias clínicas favorables en Japón y otros países.

Pero los resultados deben interpretarse de acuerdo con el tipo de cáncer, estadio, características del paciente, tratamiento administrado y diseño de cada investigación.

Por tanto, no resulta científicamente apropiado afirmar que combinar protones y quimioterapia constituya de manera general un “salto exitoso contra el cáncer”, ni trasladar porcentajes obtenidos en poblaciones específicas a todos los pacientes oncológicos.

La evidencia actual apunta, en cambio, hacia una tecnología con ventajas físicas bien establecidas y beneficios clínicos prometedores en determinadas situaciones, cuya superioridad frente a la radioterapia convencional todavía necesita ser definida con mayor precisión mediante estudios comparativos de alta calidad.

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