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SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La ciencia de la longevidad está poniendo el foco en una pregunta distinta a cuántas enfermedades tiene una persona: qué tan bien siguen funcionando su cuerpo y su mente con el paso del tiempo. Esa es la idea detrás de la denominada capacidad intrínseca, definida por la Organización Mundial de la Salud como el conjunto de capacidades físicas y mentales de las que dispone una persona.

El concepto forma parte del enfoque de envejecimiento saludable impulsado por la OMS y busca observar cinco grandes áreas: cognición, locomoción, capacidad sensorial, bienestar psicológico y vitalidad. 

John Beard, profesor de envejecimiento productivo de la Universidad de Columbia y uno de los especialistas que contribuyeron al desarrollo del concepto, explicó a The New York Times que la intención es mirar las capacidades propias del individuo y cómo están funcionando, en lugar de reducir la evaluación del envejecimiento a una lista de diagnósticos.

Parte de esas capacidades ya se evalúan habitualmente mediante herramientas conocidas, como la velocidad al caminar, fuerza de agarre, pruebas cognitivas, visión, audición, estado nutricional y evaluación psicológica. La diferencia está en intentar integrarlas para obtener una visión global y seguir su evolución en el tiempo. 

La evidencia comienza a respaldar esa estrategia: una revisión sistemática y metaanálisis de estudios longitudinales publicada en The Lancet Healthy Longevity encontró que una mayor capacidad intrínseca se asociaba con menor deterioro de las actividades cotidianas y menor riesgo de mortalidad en adultos mayores. 

Otro estudio poblacional publicado en 2026, con 2.476 personas de 60 años o más, encontró que las alteraciones de esta capacidad estaban vinculadas con mayor riesgo de caídas y deterioro funcional durante cinco años.

Estas asociaciones son importantes, aunque no demuestran que aumentar un determinado “puntaje” vaya automáticamente a prolongar la vida.

El verdadero interés está en detectar pequeños cambios antes de que una persona desarrolle una discapacidad importante.

La OMS actualizó en 2025 su programa ICOPE —Atención Integrada para las Personas Mayores— precisamente para ayudar a los profesionales de atención primaria a identificar deterioros de capacidad intrínseca y elaborar planes personalizados. 

En Francia, investigadores del Gérontopôle de Toulouse ya han aplicado este enfoque en población real: un estudio publicado en mayo de 2026 mostró que una evaluación autoadministrada podía ayudar a identificar adultos mayores con mayor riesgo y dirigirlos hacia una valoración profesional.

Sin embargo, todavía existen diferencias importantes sobre cómo medir cada dominio y cómo combinarlos en un único índice, por lo que no hay actualmente una cifra universal equivalente, por ejemplo, a una presión arterial o un nivel de colesterol.

El concepto también ha llamado la atención de los investigadores que buscan medicamentos capaces de prolongar los años de vida saludable, no simplemente la supervivencia. La Agencia de Proyectos de Investigación Avanzada para la Salud de Estados Unidos (ARPA-H) desarrolla el programa PROSPR, que pretende crear mediciones capaces de evaluar resultados relacionados con el envejecimiento en ensayos de pocos años en lugar de esperar décadas. 

En mayo de 2026, un grupo de expertos convocado por la agencia presentó a la FDA una propuesta para estudiar la capacidad intrínseca como posible variable de evaluación en futuros ensayos de gerociencia. PROSPR financia además proyectos experimentales que investigan compuestos dirigidos a mecanismos biológicos del envejecimiento. 

Eso no significa que exista actualmente un medicamento aprobado para aumentar la capacidad intrínseca o detener el envejecimiento; el propio programa está diseñado para comprobar primero si esta medición puede validarse de manera suficientemente rigurosa.

Para una persona que quiere envejecer mejor, el nuevo concepto tampoco reemplaza las recomendaciones de salud ya establecidas. Actividad física, buena nutrición, relaciones sociales, atención a la salud mental, corrección de problemas visuales y auditivos y control de enfermedades crónicas pueden influir en varios componentes de la capacidad funcional. Lo novedoso es considerar esos elementos como partes interconectadas de una misma trayectoria y seguirlas antes de que aparezcan pérdidas importantes de autonomía. 

Estudios recientes realizados en Reino Unido, Brasil y otros países respaldan la utilidad de esta visión multidimensional, pero los investigadores todavía deben definir una metodología común, comprobar cuánto puede modificarse la capacidad intrínseca y demostrar si intervenir tempranamente se traduce en más años de vida independiente. Por ahora, la capacidad intrínseca es una herramienta científica prometedora para medir el envejecimiento saludable, no un nuevo “test de longevidad” listo para uso general.

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