NUEVA YORK,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- Los medicamentos que una persona tomó años atrás podrían seguir asociados con la composición de su microbioma intestinal, según una investigación del Instituto de Genómica de la Universidad de Tartu, en Estonia.
El estudio, publicado en mSystems, analizó datos de la cohorte Estonian Microbiome y encontró que 167 de los 186 medicamentos evaluados —el 89,8 %— presentaban alguna asociación con microorganismos intestinales, mientras que 78 mostraron señales compatibles con efectos persistentes después de dejar de utilizarlos.
Las diferencias no se limitaron a los antibióticos: también aparecieron con antidepresivos, betabloqueantes, inhibidores de la bomba de protones, glucocorticoides y fármacos psicotrópicos. “El uso previo de medicamentos puede ser igual de importante” que el consumo actual para explicar parte de las diferencias individuales del microbioma, señaló Oliver Aasmets, investigador de la Universidad de Tartu y primer autor del trabajo.
La investigación utilizó secuenciación metagenómica de muestras fecales de 2.509 participantes, con edades comprendidas entre 23 y 89 años, y vinculó esos resultados con registros electrónicos de prescripciones. Los científicos analizaron tanto los medicamentos utilizados en el momento de la obtención de la muestra como los prescritos durante los cinco años anteriores.
Encontraron posibles efectos residuales en 78 de los 186 fármacos estudiados —el 41,9 % del total— y algunas asociaciones correspondientes a macrólidos, combinaciones de penicilinas, antidepresivos y derivados de benzodiazepinas todavía podían detectarse más de tres años después del último uso. Los modelos estadísticos mostraron además que incorporar el historial farmacológico explicaba más variabilidad de la microbiota que considerar únicamente los medicamentos que el participante estaba utilizando en ese momento.
Uno de los resultados más llamativos correspondió a las benzodiazepinas, fármacos utilizados, entre otras indicaciones, para tratar determinados trastornos de ansiedad. Los investigadores encontraron que esta clase presentaba asociaciones con el microbioma comparables en amplitud y persistencia a las observadas con algunos antibióticos de amplio espectro. Incluso medicamentos pertenecientes al mismo grupo mostraron comportamientos diferentes: alprazolam presentó un impacto más amplio sobre las especies microbianas estudiadas que diazepam.
Algo parecido ocurrió con los inhibidores de la bomba de protones, utilizados para disminuir la producción de ácido gástrico, donde omeprazol, pantoprazol y esomeprazol no produjeron patrones idénticos. Los autores advierten que factores como las dosis, duración del tratamiento y características de los pacientes pueden contribuir a explicar esas diferencias y que todavía es prematuro utilizar estos resultados para elegir un medicamento frente a otro en la práctica clínica.
Para comprobar si las asociaciones detectadas en el primer análisis se reproducían con el paso del tiempo, el equipo estudió además a 328 participantes que proporcionaron una segunda muestra fecal tras una mediana de 4,4 años. En ese grupo observaron modificaciones del microbioma relacionadas con el inicio de tratamientos con penicilinas, macrólidos, inhibidores de la bomba de protones, benzodiazepinas y glucocorticoides.
También lograron verificar efectos persistentes relacionados con macrólidos, combinaciones de penicilinas, inhibidores de la bomba de protones y antidepresivos inhibidores selectivos de la recaptación de serotonina (ISRS). Estos resultados longitudinales refuerzan la posibilidad de que algunos medicamentos contribuyan directamente a los cambios observados, pero los propios investigadores utilizan una formulación prudente: hablan de efectos “posiblemente” causales, no de una demostración definitiva de causalidad.
La principal implicación del trabajo no es que los pacientes deban dejar sus medicamentos para “proteger” la microbiota, sino que el historial farmacológico debería considerarse al investigar la relación entre microbioma y enfermedad. Elin Org, profesora de Microbiómica y autora correspondiente, describió el estudio como una evaluación sistemática de los efectos farmacológicos a largo plazo mediante registros médicos reales y pidió incorporar los tratamientos anteriores al interpretar estudios sobre microbiota.
Existen además limitaciones importantes: la cohorte estaba formada en un 70,3 % por mujeres y en un 98,4 % por personas de origen estonio, los registros confirman que una receta fue dispensada pero no garantizan que el medicamento se tomara exactamente como fue indicado y el análisis no incluyó medicamentos de venta libre.
Por eso, los hallazgos no permiten concluir que estas modificaciones sean necesariamente dañinas, que provoquen enfermedades concretas o que un paciente deba modificar un tratamiento prescrito.
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