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NUEVA YORK,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- Un amplio estudio con más de 1,3 millones de mujeres encontró que la deficiencia de vitamina D estuvo asociada con un mayor riesgo a largo plazo de desarrollar cánceres ginecológicos. 

La investigación, publicada el 13 de agosto de 2026 en Frontiers in Nutrition, utilizó historiales médicos anonimizados de la red internacional TriNetX, que integra datos de más de 150 organizaciones sanitarias. 

Los investigadores Ming Yew, Wei-Ting Wang y Chih-Ping Yang, vinculados a centros médicos de Taiwán, compararon a 675.079 mujeres con concentraciones de 25-hidroxivitamina D inferiores a 20 ng/mL con otras 675.079 cuyos niveles eran de al menos 30 ng/mL. Todas tenían 30 años o más y los grupos fueron emparejados para reducir diferencias relacionadas con enfermedades, medicamentos y otras características clínicas.

Para disminuir la posibilidad de que un cáncer todavía no diagnosticado estuviera provocando cambios en la vitamina D —lo que se conoce como causalidad inversa—, los científicos establecieron un período de dos años antes de comenzar a contabilizar los nuevos tumores y posteriormente realizaron seguimiento durante una ventana de hasta diez años.

Los resultados mostraron que las mujeres clasificadas con deficiencia presentaron un 47 % más de riesgo relativo de cáncer ginecológico en conjunto. Por tipo de tumor, la asociación fue mayor para el cáncer de cuerpo uterino, con un 55 % más de riesgo, seguida por cáncer de cuello uterino, con un 31 %, y cáncer de ovario, con un 30 %. Las asociaciones persistieron en distintos análisis de sensibilidad y tanto en mujeres de 30 a 65 años como en las mayores de 65.

Sin embargo, los porcentajes necesitan contexto. Durante el seguimiento se registraron 3.034 casos de cáncer ginecológico entre las 675.079 mujeres con deficiencia de vitamina D, equivalentes al 0,45 %, frente a 1.865 casos, o 0,28 %, entre las mujeres con niveles normales. Es decir, el 47 % corresponde a una comparación relativa entre ambos grupos y no significa que el 47 % de las mujeres con vitamina D baja desarrollará cáncer. 

El propio estudio reconoce además que la evidencia previa sobre vitamina D y estos tumores ha sido inconsistente: investigaciones anteriores sobre cáncer de ovario y endometrio han producido resultados mixtos, mientras que para el cáncer cervical existen menos datos y factores como la infección persistente por VPH de alto riesgo tienen un papel etiológico mucho mejor establecido.

Los investigadores consideran biológicamente plausible la relación porque la forma activa de la vitamina D interactúa con receptores presentes en tejidos del ovario, endometrio y cuello uterino y puede intervenir en procesos como proliferación celular, apoptosis y regulación inmunitaria. Pero esa explicación sigue siendo una hipótesis sobre el mecanismo. 

Un dato que obliga a ser especialmente prudentes es que el estudio no encontró una relación clara de dosis-respuesta: las mujeres con niveles considerados insuficientes, de 20 a 29,9 ng/mL, también mostraron un aumento de riesgo de magnitud cercana al observado en las mujeres con menos de 20 ng/mL. 

Los autores señalan que esto puede reflejar factores de confusión no medidos y que no constituye evidencia de que aumentar la vitamina D reduzca directamente el riesgo de cáncer.

Entre las principales limitaciones, la base de datos no permitía ajustar completamente por vacunación o infección por VPH, exposición solar, dieta, actividad física ni el índice de masa corporal como variable continua, factores que podrían influir tanto en los niveles de vitamina D como en el riesgo de cáncer.

Además, las participantes provenían de personas a quienes se les había indicado una medición de vitamina D en la práctica clínica, por lo que no representan necesariamente a toda la población femenina. Por eso, los autores piden estudios prospectivos antes de considerar la vitamina D como una estrategia preventiva contra estos tumores. 

Tampoco debería interpretarse el trabajo como una recomendación para automedicarse con suplementos: los Institutos Nacionales de Salud de EE.UU. señalan que 20 ng/mL o más son suficientes para la mayoría de las personas en relación con la salud ósea y general, mientras que este estudio utilizó 30 ng/mL como punto de comparación “normal”, una diferencia importante al interpretar sus categorías.

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