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SANTO DOMINGO,RD/ DIARIO DE SALUD.-La dermatitis atópica continúa siendo la enfermedad inflamatoria cutánea crónica más frecuente en la infancia y afecta aproximadamente a uno de cada cinco niños en el mundo. 

Cerca del 60% de los casos inicia durante el primer año de vida y más del 85% desarrolla síntomas antes de los cinco años, una realidad que, según la dermatóloga pediatra Dra. Daisy Blanco, obliga a cambiar la forma de entender y tratar esta enfermedad, pasando de un enfoque centrado exclusivamente en las lesiones de la piel a un abordaje e individualizado.

En el marco del desayuno de actualización médica, organizado por la Sociedad Dominicana de Pediatría, la especialista presentó los avances científicos más recientes para el tratamiento multisistémico de esta afección, explicando cómo funcionan desde las píldoras biológicas con anticuerpos monoclonales, biológicos subcutáneos tipo dupixent hasta los novedosos inhibidores JAK.

La galeno hizo hincapié que la dermatitis atópica debe considerarse una enfermedad inflamatoria sistémicamente relevante, cuyo manejo debe contemplar no sólo las manifestaciones cutáneas, sino también su impacto sobre el sueño, el neurodesarrollo, la salud mental y la calidad de vida de los pacientes y sus familias.

Durante su exposición, la Dra. Blanco explicó que los principales avances en la comprensión de esta enfermedad incluyen una mejor identificación de la disfunción de la barrera cutánea, la inflamación tipo 2, el papel del microbioma y las múltiples comorbilidades asociadas, aspectos que han transformado el abordaje clínico de esta condición.

En ese sentido, señaló que el tratamiento debe individualizarse según la edad del paciente, la gravedad de la enfermedad, el fototipo de piel, la calidad de vida, el acceso a las terapias disponibles y las características ambientales propias de cada país.

La especialista destacó que, aunque la dermatitis atópica afecta entre el 15 y el 20 % de los niños a nivel mundial, República Dominicana actualmente no posee data nacional su prevalencia de casos; sin embargo, los especialistas continúan atendiendo un importante volumen de consultas por esta condición, principalmente en los primeros años de vida, consolidándose como una de las principales causas de atención en dermatología pediátrica.

El pediatra debe mirar más allá de la piel

La dermatitis atópica ya no debe interpretarse únicamente como un problema de «piel seca» o de eccema recurrente. Hoy se reconoce como una enfermedad inflamatoria sistémica con repercusiones que trascienden la piel.

La Dra. Blanco recomendó a los pediatras que, en su consulta rutinaria, incluyan una búsqueda activa de alteraciones del sueño, ansiedad, depresión, bajo rendimiento escolar, trastorno por déficit de atención e hiperactividad (TDAH), así como de enfermedades alérgicas asociadas, entre ellas asma, rinitis y alergias alimentarias, debido al impacto que estas condiciones tienen sobre el desarrollo y la calidad de vida del niño que presenta estas lesiones.

«La dermatitis atópica no solo produce picazón o lesiones en la piel. Cuando no se controla adecuadamente puede alterar el descanso, el bienestar emocional, el desempeño escolar y la dinámica familiar, por lo que requiere una atención integral y un seguimiento continuo», enfatizó.

El Caribe presenta desafíos particulares

Durante una entrevista posterior a su ponencia, también abordó sobre los factores ambientales propios de la región del Caribe que pueden favorecer la aparición o exacerbar los brotes de dermatitis atópica.

Entre ellos, la especialista mencionó el clima tropical, la elevada humedad, la sudoración constante, la exposición a ácaros, la contaminación urbana, el uso frecuente de perfumes y aceites sobre la piel y las características de los fototipos predominantes en la población, factores que deben ser considerados al momento de establecer las medidas de prevención y tratamiento.

La Dra. Blanco resaltó que los avances científicos han permitido disponer de terapias cada vez más específicas para controlar la inflamación y mejorar la calidad de vida de los pacientes. No obstante, insistió en que el éxito del tratamiento continúa dependiendo de un diagnóstico oportuno, la restauración de la barrera cutánea mediante emolientes adecuados, la adherencia al tratamiento indicado y el seguimiento periódico por parte del pediatra y el dermatólogo.

Con este encuentro de actualización médica, la Sociedad Dominicana de Pediatría reafirma su compromiso con la educación médica continua y la incorporación de la evidencia científica más reciente para fortalecer el diagnóstico oportuno y el manejo integral de las enfermedades que afectan a la población infantil dominicana.

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