SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- El envejecimiento saludable no depende únicamente de la genética. También está influido por hábitos diarios como la forma en que dormimos, lo que comemos y cómo respondemos al estrés.
Un artículo publicado por EatingWell el 5 de junio de 2026, firmado por la dietista Victoria Whittington, RDN, advierte que algunas rutinas aparentemente inofensivas pueden acelerar el deterioro del organismo de manera silenciosa.
La publicación señala tres factores principales: sueño irregular, alimentación repetitiva y estrés crónico no manejado.
El primer hábito es mantener horarios de sueño inconstantes. Según los especialistas consultados por EatingWell, no solo importa cuántas horas duerme una persona, sino también la regularidad con la que se acuesta y se despierta. La falta de sueño y los cambios frecuentes en el horario pueden afectar la glucosa, la insulina, el metabolismo y la salud cardiovascular.
El artículo cita estudios que relacionan la restricción del sueño con mayor ingesta calórica, aumento de peso y acumulación de grasa visceral, un tipo de grasa abdominal asociada a mayor riesgo cardiometabólico. También recoge evidencia de que los patrones irregulares de sueño-vigilia se asocian con mayor riesgo de mortalidad por todas las causas, cáncer y enfermedad cardiovascular.
La doctora Carol DerSarkissian señaló que la variabilidad del sueño también puede acelerar el envejecimiento al elevar el riesgo cardiovascular. Por ello, los especialistas recomiendan fijar una hora constante para despertar, procurar entre siete y ocho horas de descanso y reforzar la rutina con luz solar en la mañana, menos cafeína en la tarde y un dormitorio fresco y oscuro.
El segundo hábito es comer siempre lo mismo. Aunque se trate de alimentos saludables, una dieta demasiado repetitiva puede limitar la variedad de fibras, vitaminas, minerales, antioxidantes y compuestos vegetales que necesita el organismo.
La doctora Julia Cooney, citada por EatingWell, explicó que una alimentación estrecha reduce la diversidad del microbioma intestinal, un factor importante para la función inmunitaria, el control de la inflamación y la salud metabólica. La publicación también señala que una mayor diversidad alimentaria se ha vinculado con mejor desempeño cognitivo en adultos mayores y menor riesgo de deterioro cognitivo en personas de edad avanzada.
La evidencia científica respalda que la dieta es uno de los principales moduladores del microbioma intestinal y que los patrones alimentarios ricos en variedad vegetal, fibra y compuestos bioactivos favorecen una microbiota más diversa. Revisiones recientes también vinculan el eje intestino-cerebro con funciones inmunitarias y cognitivas.
El tercer factor es no manejar el estrés crónico. Aunque el estrés forma parte de la vida cotidiana, el problema aparece cuando se prolonga en el tiempo y el cuerpo no logra volver a un estado de recuperación.
“El estrés psicológico crónico no manejado nos envejece silenciosamente por dentro”, afirmó la doctora Lisa George, citada por EatingWell. Según la publicación, el estrés sostenido puede afectar la piel, el sueño, el apetito, la presión arterial, la glucosa, la inmunidad y la función mental.
Los investigadores suelen describir ese desgaste como “carga alostática”, es decir, la tensión acumulada que se produce cuando el organismo debe adaptarse una y otra vez al estrés. Revisiones científicas han relacionado el estrés crónico con mecanismos de envejecimiento biológico, entre ellos alteraciones metabólicas, daño en el ADN, inflamación, senescencia celular y cambios en la longitud de los telómeros.
Para contrarrestar estos efectos, los especialistas recomiendan medidas simples y sostenibles: mantener horarios de sueño más estables, variar los alimentos durante la semana y dedicar unos minutos al día a reducir el estrés mediante caminatas, respiración profunda, estiramientos, escritura o pausas lejos del teléfono.
Whittington resume que envejecer de forma más saludable no requiere cambios extremos. Pequeños ajustes diarios pueden apoyar la regulación del azúcar en sangre, la inflamación, la salud cardiovascular, la función cerebral y la capacidad del cuerpo para recuperarse.
Los expertos recuerdan que estas recomendaciones no sustituyen la evaluación médica individual, especialmente en personas con trastornos del sueño, ansiedad, enfermedades metabólicas, problemas cardiovasculares o condiciones digestivas.
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