Irán enterrará este jueves 9 de julio al ayatolá Alí Jamenei, al término de seis días en los que los restos del líder supremo recorrieron lugares emblemáticos de los chiitas en el país y en el vecino Irak.
Las ceremonias han estado marcadas por la ausencia de su hijo y sucesor, lo que alimenta las dudas sobre su estado de salud y aviva las especulaciones sobre la realidad del poder en Irán.
Muerto el 28 de febrero a los 86 años en un ataque aéreo durante el primer día de la guerra lanzada por Estados Unidos e Israel, Alí Jamenei —quien dirigió la República Islámica durante casi 37 años— será enterrado en su ciudad natal de Mashhad, en el noreste del país.
Su funeral tiene lugar en medio de un nuevo repunte de las tensiones. Estados Unidos volvió a atacar el sur de Irán durante la noche del miércoles al jueves para intentar reducir su control sobre el estrecho de Ormuz, mientras Teherán afirmó haber respondido atacando sitios en Kuwait, Qatar y Baréin.
El regreso de los ataques entre ambos bandos, desde que Irán atacó el 7 de julio tres petroleros en el estrecho de Ormuz, se produce pese a un alto el fuego.
La conexión ferroviaria entre Teherán y Mashhad, de unos 800 kilómetros, fue suspendida tras los ataques estadounidenses de la noche, según los ferrocarriles de la República Islámica citados este jueves por la mañana por la televisión estatal.
Según la agencia oficial IRNA, Alí Jamenei será enterrado en Mashhad, dentro del mausoleo del imán Reza, el lugar de culto más importante de Irán. El imán Reza es el único de los 12 imanes chiitas enterrado en el país.
Citado por la televisión, el gobernador de Mashhad, Hassan Hosseini, afirmó que “se espera que 15 millones de personas”, cinco veces la población de la ciudad, asistan a los funerales.
El inicio de la ceremonia está previsto para las 14:00 horas —10:30 GMT—, después de haber sido retrasado varias horas debido a la demora en el traslado de los restos desde Irak, según la televisión iraní.
Multitudes inmensas en Irak
En Irak, el cortejo que transportaba el ataúd del dirigente, envuelto en una bandera iraní sobre la que reposaba su emblemático turbante negro, fue acompañado por inmensas multitudes en Nayaf y Karbala, dos ciudades que albergan algunos de los santuarios más sagrados del islam chií.
La etapa iraquí puso fin a varios días de homenajes que reunieron a millones de personas y fueron concebidos como una demostración de fuerza y unidad por parte del poder iraní, en medio de un nuevo repunte de las tensiones con Estados Unidos.
Los restos de familiares del ayatolá Jamenei muertos junto a él en Teherán —una de sus hijas, un yerno, una nuera y una nieta de 14 meses, según las autoridades— viajaron a Irak sin participar en las procesiones.
Mojtaba Jameneí, quien sucedió a su padre en el cargo de líder supremo, no ha sido visto desde el inicio de las ceremonias, ni desde su designación en marzo. Tampoco se ha difundido ninguna declaración en su nombre desde que comenzaron las exequias.
Herido durante los ataques que mataron a su padre, el dirigente de 56 años solo se expresa mediante comunicados que se le atribuyen.
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