SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- Inteligencia artificial, robots, realidad aumentada y bioimpresión 3D dominaron el 43.º Congreso Internacional del Colegio Dominicano de Cirujanos. El encuentro reunió durante cuatro días a especialistas de América Latina y Europa, pero dejó también una advertencia: ninguna innovación podrá sustituir la ética, el criterio médico ni la relación humana con el paciente.
La imagen tradicional del cirujano frente a una mesa de operaciones está cambiando.
A su alrededor aparecen ahora robots de alta precisión, sistemas de inteligencia artificial capaces de analizar grandes volúmenes de datos, simuladores para entrenar procedimientos complejos y tecnologías que superponen información digital sobre el cuerpo del paciente.
Este escenario, que hasta hace pocos años parecía reservado a centros médicos experimentales, fue el eje del 43.º Congreso Internacional del Colegio Dominicano de Cirujanos, celebrado del 2 al 5 de julio de 2026 en Punta Cana.
Bajo el lema “Cirugía en la Era Digital: Nuevas generaciones y desafíos”, el encuentro reunió a especialistas dominicanos y extranjeros para debatir cómo las tecnologías emergentes están transformando la formación de los cirujanos, la seguridad de los pacientes y la manera en que se toman decisiones dentro y fuera del quirófano.
La agenda incluyó inteligencia artificial aplicada a la cirugía, procedimientos robóticos, realidad aumentada, bioimpresión 3D, análisis masivo de datos, simulación clínica, liderazgo, formación por competencias y humanismo médico.
El mensaje transversal fue claro: el cirujano del futuro necesitará dominar herramientas digitales, pero también deberá conservar el juicio crítico, la capacidad de comunicación y la responsabilidad ética que no pueden delegarse a una máquina.
Cuatro días para discutir el quirófano del futuro
Durante cuatro jornadas, el programa científico combinó conferencias magistrales, módulos especializados, simposios, paneles multidisciplinarios, talleres prácticos y presentaciones de casos clínicos.
El Colegio Dominicano de Cirujanos presentó la actividad como su principal espacio anual de educación continua y uno de los encuentros quirúrgicos de mayor alcance en el Caribe.
La organización anunció la participación de más de 20 conferencistas internacionales y más de 35 especialistas nacionales, con sesiones dirigidas a cirujanos generales, subespecialistas, residentes y profesionales relacionados con la atención perioperatoria.
Entre los invitados figuraron especialistas procedentes de Argentina, México, Colombia, Guatemala, Perú, Brasil, Chile, España y Alemania.
La diversidad de países permitió comparar realidades muy diferentes: desde hospitales que ya utilizan cirugía robótica y sistemas avanzados de navegación, hasta centros donde persisten limitaciones de equipamiento, conectividad y acceso a formación especializada.
Esa diferencia es uno de los grandes desafíos de la transformación digital.
Las nuevas tecnologías prometen operaciones más precisas y una mejor planificación, pero también pueden ampliar la brecha entre los hospitales que pueden financiarlas y aquellos que no cuentan siquiera con instrumentos básicos suficientes.
La inteligencia artificial entra al quirófano
Uno de los asuntos centrales fue el uso de inteligencia artificial como herramienta de apoyo para los cirujanos.
Estos sistemas pueden analizar imágenes, historiales clínicos, resultados de laboratorio y datos quirúrgicos para identificar patrones que ayuden a anticipar complicaciones, seleccionar tratamientos o planificar una intervención.
También pueden utilizarse para automatizar documentación, organizar información clínica y reducir algunas tareas administrativas.
El congreso incluyó sesiones sobre los denominados “copilotos de IA”, concebidos como asistentes digitales para mejorar la documentación y la eficiencia profesional.
Sin embargo, el término “copiloto” resulta importante.
La tecnología puede ofrecer recomendaciones o resúmenes, pero no debería asumir por sí sola decisiones con consecuencias directas sobre la vida del paciente.
Un algoritmo puede equivocarse por datos incompletos, errores de programación o sesgos presentes en la información con la que fue entrenado.
Por eso, la decisión final continúa correspondiendo al equipo médico.
El reto para las instituciones será definir cuándo puede utilizarse la IA, quién revisa sus resultados, cómo se protege la información del paciente y quién responde cuando una recomendación automatizada es incorrecta.
Robots que amplían la precisión
La cirugía robótica ocupó también un lugar destacado en el programa.
Estos sistemas no operan de manera autónoma. El cirujano controla los instrumentos desde una consola, mientras el robot reproduce sus movimientos con gran precisión y filtra determinados temblores involuntarios.
Entre sus posibles ventajas se encuentran una visualización ampliada, movimientos más exactos y la capacidad de trabajar en espacios anatómicos reducidos.
La especialista mexicana Adriana Liceaga participó con exposiciones relacionadas con cirugía robótica en urgencias y reparación laparoscópica de hernia inguinal asistida por robot, según la programación difundida por el Colegio.
Pero la cirugía robótica plantea interrogantes económicos y formativos.
Los equipos requieren inversiones elevadas, mantenimiento, insumos específicos y personal entrenado. Además, el uso de un robot no garantiza automáticamente mejores resultados.
El beneficio depende del procedimiento, la experiencia del cirujano, la selección del paciente y la capacidad del hospital para responder ante complicaciones.
La tecnología puede ampliar las posibilidades de tratamiento, pero no reemplaza una buena indicación quirúrgica.
Realidad aumentada y planificación en tres dimensiones
La realidad aumentada permite incorporar información digital a la visión que el cirujano tiene del campo operatorio.
En teoría, puede superponer imágenes de tomografías, resonancias o reconstrucciones anatómicas para ayudar a localizar vasos sanguíneos, tumores y otras estructuras.
Esta navegación puede ser especialmente útil en operaciones complejas, donde una diferencia de pocos milímetros puede cambiar el resultado.
La impresión 3D, por su parte, permite crear modelos físicos de órganos y lesiones a partir de estudios de imágenes.
Esos modelos pueden utilizarse para planificar cirugías, explicar el procedimiento al paciente o entrenar al equipo antes de una intervención difícil.
La bioimpresión 3D va un paso más allá, porque intenta producir estructuras con células y materiales biológicos.
Aunque su potencial es enorme, gran parte de estas aplicaciones continúa en fase experimental y todavía enfrenta desafíos relacionados con vascularización, seguridad, regulación y viabilidad a largo plazo.
Los datos como una nueva herramienta quirúrgica
El análisis de grandes volúmenes de información, conocido como big data, permite comparar miles de procedimientos y estudiar qué factores están asociados con mejores o peores resultados.
Un hospital puede analizar tasas de infecciones, reingresos, complicaciones, duración de las operaciones y recuperación de los pacientes.
Con esa información, puede identificar prácticas que necesitan ser corregidas.
Pero los datos solo son útiles cuando están bien recopilados y representan adecuadamente a la población.
Un sistema construido con información procedente de hospitales de países ricos podría no funcionar de igual manera en pacientes atendidos en contextos diferentes.
También existen riesgos de privacidad.
Los expedientes quirúrgicos contienen información extremadamente sensible. Su uso para entrenar algoritmos o desarrollar investigaciones debe cumplir normas estrictas de confidencialidad, consentimiento y seguridad informática.
Formar cirujanos sin poner en riesgo a los pacientes
Uno de los componentes más relevantes del congreso fue el dedicado a los médicos residentes.
La cirugía ha dependido históricamente de un modelo de aprendizaje progresivo, en el que los médicos jóvenes observan, asisten y posteriormente realizan procedimientos bajo supervisión.
La simulación clínica permite practicar determinadas técnicas antes de intervenir a una persona real.
Los simuladores pueden reproducir anatomía, sangrado, complicaciones inesperadas y decisiones que deben tomarse bajo presión.
Esto permite repetir un procedimiento, cometer errores en un entorno controlado y recibir retroalimentación sin exponer a un paciente.
El programa incluyó análisis de casos clínicos, toma de decisiones, formación en habilidades no técnicas y un taller práctico sobre separación de componentes, técnica utilizada en la reconstrucción de defectos complejos de la pared abdominal.
La organización también abrió espacios para la participación de residentes y la presentación de trabajos, reforzando el papel de las nuevas generaciones dentro del encuentro.
Las habilidades que una máquina no puede reemplazar
La destreza técnica no es el único componente de una operación segura.
Los cirujanos necesitan comunicarse, coordinar equipos, anticipar riesgos, reaccionar ante imprevistos y reconocer cuándo deben pedir ayuda.
Estas capacidades se conocen como habilidades no técnicas.
Un error de comunicación puede ser tan peligroso como un movimiento incorrecto con un instrumento.
Por eso, el congreso vinculó la formación tecnológica con el liderazgo quirúrgico, el trabajo en equipo y el humanismo médico.
La transformación digital plantea una paradoja: cuanto más sofisticada se vuelve la medicina, mayor es el riesgo de que el paciente se sienta reducido a imágenes, cifras y resultados automatizados.
El humanismo intenta preservar la escucha, la empatía y la participación del paciente en las decisiones.
“Innovación, pero también humanidad”
El presidente del Colegio Dominicano de Cirujanos, Jiomar Figueroa Germosén, afirmó que el encuentro reafirma el compromiso de la institución con la investigación, la educación médica continua y una práctica quirúrgica más segura.
Según la información proporcionada por los organizadores, Figueroa sostuvo que la incorporación de tecnología debe estar acompañada de ética, pensamiento crítico, seguridad del paciente y respeto por la dimensión humana de la atención.
Ese equilibrio fue uno de los mensajes centrales del congreso.
Un robot puede facilitar movimientos precisos, pero no puede explicar por sí mismo a una familia el riesgo de una operación.
Un algoritmo puede calcular probabilidades, pero no conoce las prioridades personales de quien debe decidir entre varias alternativas terapéuticas.
La innovación solo tiene sentido clínico cuando mejora un resultado relevante para el paciente.
Un mensaje del ministro de Salud
La ceremonia inaugural incluyó un mensaje grabado del ministro de Salud Pública, Víctor Elías Atallah Lajam, quien no asistió presencialmente por compromisos previamente establecidos.
En su intervención, destacó la educación continua, la actualización científica y el uso responsable de la innovación como componentes necesarios para fortalecer el sistema sanitario dominicano.
La apertura fue encabezada por Figueroa Germosén; Jorge Ymaya Carela, director ejecutivo y presidente del comité académico del congreso, y Luis Alberto Peña Núñez, presidente del Colegio Médico Dominicano.
También participaron autoridades universitarias, representantes de organizaciones científicas y dirigentes del sector salud.
Un homenaje a Jorge Asjana David
La cuadragésima tercera edición fue dedicada al cirujano y académico Jorge Asjana David.
Durante la apertura, el Colegio reconoció su trayectoria en la cirugía, la docencia universitaria y la formación de profesionales sanitarios.
La dedicatoria había sido anunciada previamente por la organización y formó parte central de la identidad visual y académica del congreso.
Los organizadores destacaron su influencia como maestro y su contribución al desarrollo de la enseñanza quirúrgica en República Dominicana.
El homenaje reforzó otro de los temas del encuentro: la relación entre generaciones.
Mientras el programa miraba hacia la inteligencia artificial y la cirugía robótica, la dedicatoria reconocía el valor de la experiencia acumulada y de la transmisión directa del conocimiento.
Una red latinoamericana de cirujanos
El congreso incorporó simposios vinculados con la Federación Latinoamericana de Cirugía y la Asociación Latinoamericana de Cirugía Endoscópica, además de sociedades quirúrgicas dominicanas.
La cooperación regional permite compartir protocolos, investigaciones y programas de entrenamiento.
También puede ayudar a crear bases de datos más representativas de la población latinoamericana.
Gran parte de la evidencia médica y de los algoritmos tecnológicos se desarrolla en Estados Unidos, Europa y Asia.
Contar con redes regionales facilita producir conocimiento basado en los pacientes, recursos y necesidades de América Latina y el Caribe.
Entre los expertos mencionados por la organización estuvieron Mariano Giménez, Concepción Gómez-Gavara, Adriana Liceaga, Estuardo Behrens, Jorge Daes, Andrés Rubiano, Daniel Azambuja, Luis Chiroque, Oscar Chapa Azueta y Federico Gorganchian.
Las publicaciones del Colegio confirmaron la participación de especialistas internacionales y divulgaron distintos módulos antes y durante el encuentro.
Un Colegio que también intenta digitalizarse
Figueroa Germosén aprovechó el encuentro para presentar avances institucionales atribuidos a su gestión.
Entre ellos mencionó la digitalización de procesos administrativos, el rediseño del portal institucional y el lanzamiento de una aplicación móvil.
Según la organización, la plataforma permitirá a los miembros consultar su estado de membresía, acceder a facturas, enviar solicitudes, almacenar documentos profesionales, inscribirse en actividades académicas y mantener comunicación con el Colegio.
El presidente también informó el ingreso de más de 85 nuevos miembros y la creación de capítulos relacionados con cirugía pediátrica, cirugía vascular periférica y trasplante.
A esto sumó la reactivación de la participación dentro de la Federación Latinoamericana de Cirugía y una alianza académica con Scolla, un centro brasileño vinculado con la formación en cirugía mínimamente invasiva.
Estas afirmaciones fueron difundidas por el propio Colegio durante su congreso y deberán evaluarse posteriormente a partir de sus resultados, uso efectivo y continuidad.
La disputa por las condiciones profesionales
La tecnología no fue el único asunto institucional.
Figueroa afirmó que el Colegio ha mantenido negociaciones con administradoras de riesgos de salud para mejorar las condiciones del ejercicio quirúrgico.
También mencionó reuniones con autoridades vinculadas con seguros y riesgos laborales, entre ellas Miguel Ceara Hatton.
El debate sobre honorarios, cobertura, autorizaciones y condiciones de trabajo es inseparable de la calidad asistencial.
Un sistema puede adquirir robots o plataformas digitales, pero necesita garantizar que los cirujanos dispongan de tiempo, personal, suministros y compensación adecuados.
La innovación tecnológica no corrige por sí sola los problemas estructurales de un sistema sanitario.
La seguridad del paciente como límite
Las autoridades del Colegio insistieron en que toda incorporación tecnológica debe evaluarse desde la seguridad.
Antes de adoptar un robot, un algoritmo o un simulador, un hospital necesita comprobar que mejora la atención y que su personal sabe utilizarlo.
También debe contar con protocolos para responder ante fallos técnicos.
La innovación no está libre de riesgos.
Un sistema puede detenerse durante una operación, mostrar datos incorrectos o depender de una conexión que falle.
Por eso, los equipos necesitan planes alternativos y capacidad para continuar el procedimiento de forma segura.
La tecnología debe reforzar la práctica clínica, no volverla vulnerable.
El desafío de llevar la innovación fuera de los grandes centros
Uno de los grandes interrogantes es cómo extender estos avances más allá de los hospitales privados o académicos con mayores recursos.
La cirugía robótica y la realidad aumentada requieren inversiones importantes.
Incluso la patología digital o los sistemas de inteligencia artificial necesitan infraestructura, almacenamiento de datos y personal técnico.
Para que la transformación sea equitativa, las instituciones deberán establecer prioridades.
En algunos hospitales, una mejora en esterilización, anestesia, cuidados posoperatorios o disponibilidad de sangre puede salvar más vidas que la adquisición inmediata de un robot.
La modernización no consiste únicamente en comprar equipos avanzados.
También supone reforzar los sistemas básicos sobre los que esas herramientas deben funcionar.
Un congreso entre la promesa y la realidad
El 43.º Congreso Internacional del Colegio Dominicano de Cirujanos mostró una especialidad en plena transformación.
La inteligencia artificial promete apoyar decisiones.
Los robots amplían la precisión.
La simulación permite entrenar sin exponer a los pacientes.
Los datos ofrecen nuevas formas de medir resultados.
Pero ninguna de estas herramientas elimina los problemas clásicos de la cirugía: seleccionar correctamente a quién operar, prevenir infecciones, controlar hemorragias, reconocer complicaciones y acompañar al paciente durante su recuperación.
El verdadero desafío no será adoptar toda tecnología disponible, sino decidir cuál aporta valor, en qué contexto y para qué pacientes.
La cirugía del siglo XXI será inevitablemente más digital.
La pregunta que dejó el congreso es si podrá ser también más segura, accesible y humana.
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