SPRINGFIELD, ILLINOIS, EE. UU./ DIARIO DE SALUD. – Durante décadas, la medicina asumió que los ovarios se volvían inactivos tras la menopausia. Una vez que dejaban de liberar óvulos, se consideraba que su función había terminado. La bióloga reproductiva Francesca Duncan, de la Escuela de Medicina Feinberg de la Universidad Northwestern en Illinois, no estaba convencida de eso. Y los datos le están dando la razón.
Un nuevo estudio publicado en la revista Molecular Human Reproduction sugiere que el ovario posmenopáusico está lejos de ser inerte. Al contrario: parece asumir una nueva identidad como órgano de tipo inmunológico, con una influencia potencial en el envejecimiento de todo el cuerpo.
De la jubilación al cambio de carrera
El estudio, realizado en ratones, comparó ovarios de animales de 2, 18 y 24 meses, representando distintas fases del ciclo reproductivo. Con el paso del tiempo, como era esperado, la maquinaria reproductiva se ralentizó: menos folículos, cambios en el tejido celular y el colágeno. Pero lo que encontraron a continuación fue inesperado.
«Los análisis transcriptómicos revelaron un cambio de la funcionalidad reproductiva a una firma inmunodominante con la edad», reportó el equipo. Los ovarios posreproductivos mostraron una mayor infiltración de linfocitos T, macrófagos y células gigantes multinucleadas, todos componentes clave del sistema inmune.
En otras palabras, el ovario no cierra la fábrica. La reconvierte.
Hallazgos paralelos en mujeres
Duncan realizó un estudio complementario en humanos, aún pendiente de revisión por pares, que analizó las proteínas producidas por el tejido ovárico de 28 mujeres posmenopáusicas de entre 50 y 75 años. Los resultados mostraron que esas proteínas variaban según el grupo de edad, algo que no debería ocurrir si el ovario fuera realmente inerte después de la menopausia. El análisis identificó 5,812 grupos de proteínas y observó cambios progresivos asociados a la edad, con 117 proteínas significativamente alteradas en mujeres mayores de 70 años comparadas con las de 50 a 59, con firmas proteicas que cambiaban de funciones reguladoras del ARN en ovarios más jóvenes hacia funciones metabólicas y de tráfico celular en los más envejecidos.
Los perfiles moleculares de los ratones viejos posreproductivos eran sorprendentemente similares a los observados en mujeres posmenopáusicas, lo que refuerza la relevancia del modelo animal para comprender este fenómeno en humanos.
Un órgano con potencial influencia sistémica
Las implicaciones de estos hallazgos van más allá de la biología reproductiva. «Estos hallazgos ponen en tela de juicio la suposición de que el ovario posreproductivo es inerte, e indican, en cambio, que adquiere una identidad inmunológica con una influencia endocrina y paracrina potencial en el envejecimiento de todo el organismo», concluyeron Duncan y su equipo.
Esto podría tener consecuencias directas para la atención médica de mujeres en la etapa posterior a la edad reproductiva, especialmente para quienes se someten a una ooforectomía, la extirpación quirúrgica de los ovarios. Si estos órganos siguen cumpliendo funciones inmunológicas activas décadas después de la menopausia, eliminarlos podría tener efectos que la medicina aún no comprende del todo.
La revista Science señaló que las consecuencias de estos cambios aún no están claras, pero que una transformación similar en humanos podría tener implicaciones para la salud después de la menopausia.
Duncan y su equipo continúan investigando los mecanismos exactos por los que el ovario asume este nuevo rol, así como las posibles consecuencias clínicas para la salud femenina en el envejecimiento.
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