Antonio Cubillo es director del HM CIOCC
MADRID, ESPAÑA / DIARIO DE SALUD. —Hay médicos que acumulan conocimiento y hay médicos que acumulan experiencia. El doctor Antonio Cubillo Gracián lleva décadas haciendo ambas cosas. Director del Centro Integral Oncológico Clara Campal (HM CIOCC), jefe del Servicio de Oncología Médica del Hospital Universitario HM Sanchinarro y presidente del Grupo Español de Investigación en Diagnóstico y Tratamiento Hipertemprano de Enfermedades, Cubillo es también jefe de investigación en oncología de la Fundación HM Hospitales, donde lidera ensayos clínicos pioneros con enfoque en medicina de precisión e inmunoterapia, especialmente para tumores digestivos.
En 2026, el Observatorio de la Sanidad de El Español lo incluyó en la lista de los 300 mejores médicos de España. No es un título honorífico vacío: es el reconocimiento a una carrera construida en la primera línea de la oncología moderna.
Lo que veinte años de práctica enseñan sobre vivir bien
Antes de hablar de tecnología, Cubillo ofrece su conclusión más inesperada. «Por la experiencia que tengo con miles de pacientes y familias a lo largo de estos años de profesión, la mejor longevidad es aquella en la que la persona quiere y se siente querida», afirma. No habla de suplementos ni de biomarcadores; habla de vínculos afectivos observados a pie de cama durante décadas.
La explicación va más allá de una frase inspiradora. «En general, uno envejece como ha vivido. Quien ha trabajado desde pequeño las relaciones personales suele afrontar mejor las dificultades y los sufrimientos que produce la enfermedad. Además, el cáncer me ha enseñado que es muy importante evitar que el paciente se sienta solo, sin un apoyo cercano y continuo para poder afrontar las dificultades que esta enfermedad trae consigo», subraya Cubillo.
Y cierra el argumento con una afirmación que redefine qué es tratamiento. «La persona que está rodeada del cariño de su familia, de sus amigos y de los profesionales que le atienden tiene una calidad de vida mejor que quien carece de ello. Por supuesto, contando también con una atención médica de un nivel técnico óptimo, porque una cosa no puede ser sin la otra», apostilla.
La oncología de 2026 no se parece a la de 2006
Cuando se le pide que nombre el avance más importante de las últimas dos décadas, Cubillo rehúye el titular fácil. «Se trata de un conjunto de cosas», responde. «Destacaría el diagnóstico hipertemprano oncológico, que permite curar a muchos más pacientes y de manera más sencilla; el enorme avance en la precisión de las pruebas diagnósticas moleculares y de imagen; y las distintas modalidades de inmunoterapia que tenemos disponibles para personas con diferentes tipos de tumores».
El impacto de ese conjunto de avances se mide en vidas. «La gran mayoría de los tumores son hoy radicalmente distintos a como los tratábamos hace veinte años, especialmente cánceres frecuentes como el de colon, mama o pulmón. También los de vejiga y ovario, el melanoma o el cáncer de páncreas». Y añade la frase que resume mejor el cambio de era: «Hoy hay situaciones clínicas con enfermedad metastásica que antes no eran curables y ahora sí lo son».
Esos datos no son percepción subjetiva. La Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) confirma que la supervivencia del cáncer colorrectal se ha duplicado en los últimos 20 años, una cifra que ilustra mejor que cualquier discurso lo que ha cambiado en la disciplina.
Medicina de precisión: ya no es el futuro
Uno de los conceptos más repetidos en oncología es la medicina de precisión, pero Cubillo insiste en que ya forma parte del presente. «Cada vez estudiamos de forma más individualizada al paciente. Primero analizamos las características moleculares únicas de su tumor, que en muchos casos nos ayudan a acertar con la elección del tratamiento», explica.
El análisis no termina ahí. El oncólogo detalla que también estudian características individuales de cada paciente: «su capacidad para metabolizar algunos fármacos, los genes de sus células normales, la compatibilidad de antígenos leucocitarios humanos (HLA) —un análisis genético que determina la similitud de los tejidos entre dos personas— y otros factores que hacen que podamos seleccionar terapias cada vez más personalizadas y eficaces». El horizonte que dibuja es concreto: «Estamos más cerca de poder elegir el mejor tratamiento para cada persona desde el diagnóstico».
En el HM CIOCC, Cubillo ya aplica un programa de biopsia líquida pionero en España, que permite, a través de un simple análisis de sangre, conocer algunas de las características moleculares de tipos específicos de tumores malignos. También trabaja con la detección de ADN tumoral circulante en sangre, que ofrece mayor precisión que las pruebas radiológicas tradicionales.
Inmunoterapia: potente, pero no para todos
La inmunoterapia es una de las grandes revoluciones terapéuticas del siglo XXI, pero Cubillo evita el entusiasmo acrítico. Existen distintas estrategias para predecir su eficacia: los biomarcadores predictivos de respuesta determinados en el propio tumor, el análisis del ADN tumoral circulante y los avances en tomografía de emisión de positrones (PET) con radioisótopos específicos para cada tumor.
En el cáncer colorrectal, la historia es especialmente relevante. La inmunoterapia puede resultar especialmente beneficiosa para tratar tumores con alta inestabilidad de microsatélites (MSI-H) o con alteración del sistema de reparación de errores de emparejamiento del ADN (dMMR), dos características moleculares que Cubillo y su equipo analizan de forma rutinaria. Según la SEOM, los avances en medicina de precisión, las terapias dirigidas y la incorporación de la inmunoterapia han mejorado las expectativas de los pacientes con cáncer colorrectal avanzado.
La edad no lo decide todo
Para este oncólogo, uno de los grandes cambios en el tratamiento del cáncer en personas mayores pasa por los «test moleculares de nueva generación que, manejados por expertos dentro de una Unidad de Diagnóstico Hipertemprano Oncológico, pueden detectar la enfermedad mucho antes que otras pruebas de cribado tradicionales». Esto permite diagnosticarla en estadios muy iniciales y, por tanto, «curarla con más facilidad».
Y cuestiona un criterio que aún condiciona demasiadas decisiones clínicas: «La edad influye, pero no es la clave fundamental para el éxito del tratamiento; hay otros factores que tienen mayor importancia». Es decir, dos personas de la misma edad pueden tener pronósticos y opciones terapéuticas muy diferentes.
Cáncer crónico: una realidad palpable
Cuando se le pregunta si algunos cánceres se están convirtiendo en enfermedades crónicas, Cubillo responde sin dudar: «Es una realidad palpable. Gracias a los avances fruto de la investigación desarrollada en los últimos años, hay muchas patologías tumorales que pueden cronificarse a largo plazo, aunque la persona no esté completamente curada». Y lo concreta: «Cada vez hay más pacientes que viven durante años con tumores controlados, manteniendo sus proyectos y continuando con sus relaciones personales».
La evidencia clínica respalda esta visión: en enfermedad metastásica colorrectal, los tratamientos combinados consiguen ya supervivencias de 30 a 36 meses en algunos pacientes.
El futuro ya está en marcha
Mirando hacia adelante, Cubillo vuelve a la detección temprana como palanca principal. «Va a cambiar en gran medida el tipo de pacientes que vamos a atender en oncología; serán cada vez más personas aparentemente sanas a las que se diagnostique con mucha más antelación un proceso tumoral, lo que facilitará su curación y su rápida reintegración a su vida habitual».
En paralelo, la inteligencia artificial entra en escena como herramienta de cribado. Cubillo explica que se están desarrollando sistemas capaces de identificar grupos de riesgo que no encajan en los criterios tradicionales: por ejemplo, personas con riesgo de cáncer de pulmón sin ser fumadoras. Un avance que, según él, tendrá un gran impacto «en la precisión y la modalidad de las distintas pruebas diagnósticas, en los procedimientos radiológicos y quirúrgicos y en la minuciosidad del seguimiento posterior».
Tres recomendaciones que no esperabas
Después de hablar de genómica, biomarcadores e inteligencia artificial, Cubillo cierra la conversación con tres recomendaciones para reducir el riesgo de cáncer que sorprenden por su sencillez: hábitos de vida saludables, acudir a una Unidad de Diagnóstico Hipertemprano a partir de los 45 años y, la tercera, «tener muchos amigos».
No es una frase de cierre. Es la síntesis de lo que ha aprendido en décadas tratando pacientes.
Y su mayor deseo antes de colgar la bata: «Que podamos curar a cada uno de los pacientes que atendemos y que lo hagamos con una atención médica óptima y gran amabilidad».
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