Desde hace casi dos meses, Bolivia se encuentra paralizada. Los principales centros urbanos, como La Paz, El Alto y Cochabamba, permanecen prácticamente aislados. La crisis ha interrumpido el suministro de productos básicos y ha disparado los precios de los alimentos y los combustibles. El descontento se desencadenó por la llegada de gasolina de baja calidad y el aumento del costo de vida. Los manifestantes exigen reformas laborales, salarios más altos y la renuncia inmediata del presidente Rodrigo Paz.

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