NUEVA YORK,EE.UU./ DIARIO DE SALUD.- El glioblastoma es el tumor cerebral maligno primario más agresivo y frecuente en adultos, caracterizado por crecer rápidamente e infiltrarse en el tejido cerebral circundante.
Esa capacidad invasiva dificulta que los cirujanos eliminen todas las células malignas sin afectar zonas sanas y ayuda a explicar por qué la recurrencia es tan habitual.
La American Cancer Society sitúa actualmente la supervivencia relativa a cinco años alrededor del 6 % en personas de 40 años o más, mientras que puede alcanzar aproximadamente el 28 % entre pacientes de 15 a 39 años; otras grandes series poblacionales sitúan la supervivencia global del glioblastoma en torno al 5 %-7 %.
El tratamiento convencional continúa basándose principalmente en cirugía seguida de radioterapia y quimioterapia, pero erradicar completamente la enfermedad sigue siendo uno de los grandes desafíos de la neurooncología.
Un equipo internacional encabezado por investigadores de la Universidad de Henan, la Universidad Tecnológica de Sídney y Harvard Medical School desarrolló ahora una plataforma nanotecnológica capaz de asumir dos funciones sucesivas: ayudar a localizar el tumor durante la operación y, posteriormente, atacar las células malignas microscópicas que puedan permanecer.
El trabajo, liderado por Ping Shangguan y con Bingyang Shi entre los autores principales, apareció en Science Translational Medicine con el DOI 10.1126/scitranslmed.aeb8054.
El sistema utiliza una lámina bidimensional ultradelgada basada en bismuteno, sobre la que los científicos organizaron indocianina verde y átomos individuales de platino. Shi, profesor de Nanomedicina en UTS, explicó que la intención fue crear un único material capaz de actuar primero como guía quirúrgica y después como tratamiento localizado.
Durante la fase de imagen, la plataforma utiliza luz del segundo rango del infrarrojo cercano (NIR-II) para hacer visibles pequeñas acumulaciones de células tumorales.
El estudio informa una resolución de aproximadamente 44,3 micrómetros, mientras que una molécula de direccionamiento favorece la acumulación del material en las células del glioma.
Una vez retirado el tumor visible, el mismo nanomaterial puede colocarse en la cavidad quirúrgica y activarse nuevamente con luz. Los átomos de platino actúan entonces como una nanoenzima con actividad similar a la catalasa, convirtiendo parte del peróxido de hidrógeno presente en el microambiente tumoral en oxígeno.
Al mismo tiempo, la irradiación genera calor y especies reactivas capaces de dañar las células cancerosas residuales mediante la combinación de terapia fototérmica y fotodinámica.
Los resultados más llamativos se obtuvieron en modelos murinos de glioma ortotópico, es decir, tumores implantados en el cerebro de ratones.
La UTS informó que todos los animales sometidos al tratamiento combinado permanecían vivos a los 60 días, mientras que el grupo tratado únicamente mediante cirugía alcanzó 42 días de supervivencia en el experimento. El procedimiento también redujo la recurrencia tumoral y, durante el período de seguimiento, los investigadores no detectaron déficits neurológicos o motores atribuibles al tratamiento.
Estos resultados no significan que se haya encontrado una cura para el glioblastoma: el número de animales, la escala cerebral, el metabolismo de las nanopartículas y la seguridad a largo plazo son factores que deberán evaluarse antes de considerar estudios clínicos en seres humanos.
El propio Bingyang Shi ha pedido cautela ante los resultados y subraya que la investigación continúa en una etapa temprana. Según el investigador, el rendimiento de la tecnología tanto para obtener imágenes como para destruir tejido tumoral deberá confirmarse a la escala de un cerebro humano.
Si los siguientes estudios reproducen los resultados y establecen una seguridad adecuada, el valor potencial de la estrategia estaría en combinar en una misma plataforma dos momentos críticos del tratamiento: ver mejor dónde termina el tumor durante la cirugía y actuar inmediatamente después sobre las células microscópicas que quedan atrás.
En un cáncer donde la infiltración y la recurrencia siguen condicionando fuertemente el pronóstico, esa doble función constituye una línea de investigación relevante, pero todavía distante de convertirse en un tratamiento disponible para pacientes.
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