SANTO DOMINGO, RD/ DIARIO DE SALUD.- La serie de The Pitt se ha convertido en un auténtico fenómeno internacional. Ganadora en la categoría de Mejor Serie de Drama en la última edición de los Premios Emmy y Globos de Oro, narra la vida de un grupo de profesionales sanitarios de un hospital de Pittsburgh, Estados Unidos.
“Médicos adjuntos, residentes, estudiantes de Medicina y personal de enfermería soportan, como pueden, la carga emocional de tratar a numerosos pacientes con todo tipo de enfermedades y situaciones”, reza su sinopsis. A nadie se le escapa el estrés que sufren los médicos en su día a día; ahora bien, ¿hasta qué punto es real lo que refleja la ficción?
Pues bien, lo es, y mucho. Así lo demuestra un estudio publicado recientemente por la Universidad de Massachusetts Amherst, el primero en diseñar un método experimental interactivo y controlado para evaluar cómo los pacientes considerados “irritables” (aquellos que muestran frustración o enojo, como los que aparecen en The Pitt) afectan a las emociones de quienes los atienden, y por lo tanto a la eficacia de la atención que reciben.
Y es que a nadie se le escapa tampoco que, cada vez con mayor frecuencia, muchos pacientes descargan su frustración contra los profesionales sanitarios; solo hace falta echar un vistazo a las estadísticas sobre agresiones al personal de los hospitales y centros de salud y su evolución en los últimos años. Sin embargo, hasta que no se llevó a cabo esta investigación, no existían experimentos controlados fiables que estudiasen rigurosamente cómo el comportamiento del paciente afecta a las emociones de los médicos y a la atención que brindan.
El estudio se apoya en el uso de “pacientes estandarizados”, una herramienta habitual en investigación y formación médica que permite recrear situaciones clínicas de manera controlable y comparable. Dichos pacientes no son reales, sino actores controlados específicamente para representar un mismo cuadro clínico con gran precisión, siguiendo un guion detallado que incluye síntomas, historia médica o lenguaje verbal y no verbal. Después, todos los profesionales interactúan con exactamente el mismo caso, lo que permite analizar cómo varían sus respuestas ante cambios de actitud muy concretos.
Los médicos participantes atendían a estos pacientes estandarizados sin saber que el objetivo del estudio estaba centrado en el componente emocional de la interacción. Aunque el problema clínico presentado era idéntico en todos los casos, los actores modificaban su comportamiento en función del escenario asignado: en unos casos mantenían una actitud neutra y calmada, mientras que en otros mostraban irritación o enfado durante la consulta.
Tras cada interacción, los investigadores evaluaron cómo había percibido el médico al paciente y cuál había sido su grado de implicación en la atención. De este modo, analizaron si las respuestas emocionales, las evaluaciones clínicas o las conductas clínicas de los médicos variaban al evaluar a pacientes irritables en comparación con aquellos que eran más tranquilos. En total, reclutaron a 134 médicos de urgencias de 46 estados de Estados Unidos.
LA CONFIRMACIÓN DE LO QUE YA SE PREVEÍA
Lo que descubrieron es que, efectivamente, los pacientes irritables hacían que los médicos se sintieran peor, ya que reportaban mayores niveles de ira, ansiedad y fatiga. Además, los médicos se involucraban menos en el cuidado de este tipo de pacientes, y eran mucho más propensos a considerarlos poco fiables a la hora de informar sobre sus propios síntomas. Incluso interpretaban el dolor que les transmitían como exagerado, y los encontraban, en general, menos cooperativos, menos comprometidos con su propio cuidado, menos dispuestos a seguir un plan de tratamiento y menos propensos a reincorporarse al trabajo.
De igual manera, aquellos médicos que eran más propensos a experimentar estrés debido a la incertidumbre sufrían un mayor desgaste emocional cuando sus pacientes eran más difíciles. El estudio, que reconoce que se necesita más investigación para comprender mejor cómo afecta todo esto a la atención del paciente, concluye que es probable que los médicos especialmente vulnerables al estrés perciban a sus pacientes difíciles como más desafiantes y emocionalmente agotadores, algo que alimenta un círculo viciosos que podría, en último término, conducir a peores resultados para el propio paciente por parte del profesional.
ANATOMÍA DE GREY, OTRO EJEMPLO
Ahora bien, como es lógico, no todo lo que se muestra en las series es real, algo que no es la primera vez que pasa en aquellas de temática sanitaria. Sin ir más lejos, otro estudio, en este caso sobre Anatomía de Grey, demostró que la ficción podría estar dando a los espectadores una impresión falsa sobre la atención traumatológica, incluyendo la rapidez con la que los pacientes se recuperan después de sufrir lesiones realmente graves.
Para intentar cuantificar esto, compararon la representación del trauma sufrido por 290 pacientes ficticios en 269 episodios de Anatomía de Grey (durante las primeras doce temporadas, de 2005 a 2026) con las lesiones reales sufridas por 4.812 pacientes. La tasa de mortalidad fue tres veces mayor en Anatomía de Grey que en la vida real (22% frente a 7%), y la mayoría de los pacientes de la serie (71%) pasaron directamente de urgencias al quirófano, mientras que solo uno de cada cuatro de los pacientes reales lo hizo.
Además, entre los supervivientes de traumatismos, solo alrededor de 1 de cada 20 pacientes ficticios (6%) fueron trasladados a un centro de cuidados a largo plazo, una proporción significativamente menor que la de los pacientes reales (22%). Y entre los heridos graves, la mitad de los pacientes ficticios pasaron menos de una semana en el hospital, mientras que solo uno de cada cinco de los pacientes de la vida real (20%) lo hizo.
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