El cierre del estrecho de Ormuz durante el conflicto entre Irán, Estados Unidos e Israel expuso la vulnerabilidad energética de China. La caída de las importaciones de crudo a mínimos de casi ocho años impulsó a Beijing a acelerar su apuesta por los vehículos eléctricos y las energías limpias.

La guerra en Medio Oriente y el cierre temporal del estrecho de Ormuz se convirtieron en una prueba de estrés para la seguridad energética de China. 

La segunda economía más grande del mundo, que además es el mayor importador de petróleo del planeta, vio cómo uno de los principales canales de suministro de hidrocarburos quedaba bloqueado en medio de una escalada geopolítica que alteró los mercados globales y golpeó, particularmente, al gigante asiático.

El conflicto se intensificó después de los ataques lanzados por Estados Unidos e Israel contra Irán el pasado 28 de febrero. Una situación que derivó en restricciones al tránsito marítimo por el estrecho de Ormuz, una de las rutas energéticas más importantes del mundo y por donde en escenarios normales circula cerca del 20% del petróleo que se consume diariamente a nivel global.

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Entre los países más afectados estuvo China. Antes de la crisis, el gigante asiático recibía cerca del 40% de todo el petróleo que transitaba por Ormuz. 

La dependencia del continente asiático también quedó en evidencia al sumar a Corea del Sur y Japón, que junto con China concentraban más del 60% de las compras de crudo que atravesaban este corredor marítimo en el golfo Pérsico.

Destino del petróleo que pasa por el Estrecho de Ormuz.
Destino del petróleo que pasa por el Estrecho de Ormuz. © France 24 en Español

La interrupción obligó a Beijing a buscar alternativas de suministro para sostener su inmensa demanda energética que mueve su enorme producción. Sin embargo, la diversificación inmediata resultó más compleja de lo esperado. 

Aunque Rusia aparecía como una opción natural debido a que China es el principal comprador de petróleo ruso y uno de los mayores receptores de gas transportado por oleoductos, el abastecimiento adicional no logró compensar completamente el impacto generado por la reducción del flujo proveniente de Medio Oriente.

La magnitud del desafío quedó reflejada en las cifras más recientes del comercio exterior chino. Según datos de las aduanas del país, las importaciones de petróleo descendieron en mayo hasta los 7,8 millones de barriles diarios, el nivel más bajo registrado desde octubre de 2017. Un dato que contrasta con el promedio cercano a los 12 millones de barriles diarios que China importaba durante 2025, evidenciando la profundidad del ajuste forzado por la crisis.

Escenario de importación del crudo en China.
Escenario de importación del crudo en China. © France 24 en Español

La presión sobre los precios internacionales del crudo y la vulnerabilidad mostrada por las cadenas de suministro llevaron a las autoridades chinas a reconsiderar algunas de sus prioridades energéticas. Lo que inicialmente parecía una estrategia de largo plazo comenzó a adquirir un carácter de urgencia.

En ese contexto, la transición energética pasó de ser un objetivo gradual a convertirse en una herramienta de seguridad económica y geopolítica. La expansión de la industria de vehículos eléctricos, el aumento de las inversiones en energías renovables y la búsqueda de una menor dependencia de los combustibles fósiles importados ganaron protagonismo dentro de la planificación estratégica de Beijing.

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Las tensiones internacionales actuaron así como un catalizador de cambios que ya estaban en marcha. La fabricación masiva de automóviles eléctricos, el desarrollo de nuevas capacidades de generación limpia y la diversificación de las fuentes energéticas emergieron como respuestas a una realidad que dejó al descubierto los riesgos de depender de rutas marítimas vulnerables a los conflictos internacionales.

Para China, la crisis en el estrecho de Ormuz no solo representó un problema coyuntural de abastecimiento. También envió una señal clara sobre la necesidad de redefinir qué compra, a qué país le compra y cómo construye un sistema energético menos expuesto a las turbulencias geopolíticas que marcan el actual escenario global.

Con Reuters y AFP

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